Obra completa · Dos libros · 13 canciones · Audiolibro

Una celebración
en verso.

«Para el que me copió los ojos.»

Dedicatoria hallada en el manuscrito de Obras Inéditas

Voz del audiolibro: Joaquín Chablé. Música de Con Marcas Claras compuesta con inteligencia artificial sobre los versos originales.

Las obras

Dos libros, una sola voz.

Lo que se publicó en vida y lo que se descubrió después: el cuaderno editado por Alambique, y el cuaderno manuscrito que su hijo Oscar Francisco encontró años después, con los poemas escritos a mano.

Portada de Con Marcas Claras

Álbum · 13 canciones

Con Marcas Claras

Publicado por Alambique · Oscar tenía cerca de 55 años

Trece poemas que Oscar dejó publicados en vida, ahora vueltos canción. Música compuesta con inteligencia artificial sobre los versos originales, sin alterar una sola palabra. El audiolibro lo narra Joaquín Chablé.

Publicado en vida
Portada de Obras Inéditas

Manuscrito hallado · 11 poemas

Obras Inéditas

Descubierto por su hijo Oscar Francisco · poemas escritos a mano

Nunca publicado en vida. Su hijo lo halló en un cuaderno con los versos manuscritos. Adentro, la dedicatoria póstuma: «Para el que me copió los ojos.» Once poemas sobre la soledad, la esperanza, el viento y la vida que se va de las manos.

Hallado después

El epígrafe

Lo propio es lo de todos.

En el prólogo de Con Marcas Claras, su amigo de la infancia Manuel Arce Arenales cita a Horacio: difficile est proprie comunia dicere — es difícil decir con propiedad las cosas comunes. Los dos asuntos eternos de la poesía siguen siendo el amor y la muerte; la originalidad sólo aparece cuando uno se atreve a ser uno mismo. Se es original, inevitablemente, cuando se es uno mismo.

Es un hueso afilado por el dolor y sostenido por la dignidad, en donde, a final de cuentas, lo que se rescata es la plenitud de la vida y su hermosura. — M. Arce Arenales, epílogo

Las canciones · Con Marcas Claras

Trece marcas claras

Del miedo cósmico al velorio en la barranca, de un cuerpo en otro meridiano al lago de Amatitlán al amanecer. Trece estaciones que atraviesan la mitad de un siglo guatemalteco.

  1. 01

    tú tienes miedo de tenerte miedo

    Poema cósmico sobre el miedo. Tu carne ha nacido entre los astros, del mismo corazón que vienen ellos.

  2. 02

    canción del llano

    Furia anti-humanista. Renuncia al castellano para hablar la lengua de los nidos, los grillos, el silencio de la montaña.

  3. 03

    compañeros, me despido

    Despedida en bus por La Barranquilla. Hemos aprendido en el silencio lo que significa ser hombre bueno.

  4. 04

    Soledades I

    Frío que vuelve a dibujar los campos amarillos. Aire tan delgado que puede tener sombra.

  5. 05

    Soledades II

    Esqueletos de árboles esperando el verano. Otros hermanos cruzando la frontera.

  6. 06

    Serpentina · de frío

    Una niña, el mar, un Capitán. El frío llamando a la puerta. Inicio del ciclo.

  7. 07

    Serpentina · de noche

    Cuatro espíritus negros bajan en la lluvia. ¡Leonel Alevón Novela! Vete cuidando la cara…

  8. 08

    Serpentina · de miedo

    Regina entre Alevón y el Capitán. Pasión, traición, amenaza de suicidio.

  9. 09

    Serpentina · de nada

    Mañana gris. Un niño solo, encerrado con cuatro cerrojos, esperando que la noche hable.

  10. 10

    Serpentina · de oro

    Relámpago y trueno invertidos. Sonaba a pepitas de oro que caen sobre un tonel.

  11. 11

    Serpentina · de agua

    Regina hallada en el lago de Amatitlán. La versión oficial. Los hijos de los pescadores cantan.

  12. 12

    mundo paralelo

    Dos cuerpos en meridianos opuestos. Cuando toco tu boca se abre la noche sobre el mar embravecido.

  13. 13

    la tierra está girando y es de noche

    Sol oscuro, cantinas, mujeres con pulseras, pescadores cantándole a sus hijos. Cuatro caracolas escuchan el mar.

El ciclo

Serpentina, una novela en verso.

Portada del ciclo Serpentina

En el centro del álbum, seis poemas se enlazan en un solo relato: el ciclo Serpentina. Una niña — Regina Paiz —, un Capitán del Mar, un hombre llamado Leonel Alevón Novela, cuatro espíritus negros, un niño solo en un cuarto.

Es Lorca, sí, pero también es Amatitlán, la Zona 15, los buses verdes y el modo guatemalteco de tapar las cosas: por puta se ahogó. El ciclo cuenta, en seis estaciones, cómo se llega del frío al agua. Lo que pasa entre medio es lo que pasa en este país.

Los nombres reaparecen, las imágenes se repiten levemente corridas, como una serpentina que se desenrolla.

Obras Inéditas · manuscrito hallado

Once poemas que nunca se publicaron.

Encontrados por su hijo Oscar Francisco en un cuaderno escrito a mano, décadas después. Adentro, la dedicatoria póstuma — la única forma que tuvo de decirle algo al que iba a venir.

  • I

    Hoy me siento solo…

    Vino el viento hacia mi oído / y me dijo, muy callado: / —¿Viste, al pasar por el camino, / a un hombre pensativo en el recodo? / – Era el aventurero.

  • II

    ¡Ya no vive la esperanza!

    Ayer… soñé de nuevo. / Dos hombres con sus negros trajes / llevan el cajón de la esperanza / a dormir al camposanto…

  • III

    Hombre

    Hoy, un devenir / mañana la fijeza de un instante / y de nuevo cuando salga el sol: / un caminante…

  • IV

    A Caos (en un día minúsculo)

    ¿Quién habría de decir que algún instante dado / era el propio sin cesar de su conciencia? / Pequeño el día que nació por vacuo y vano / en el cárcel de la perpetua fantasía…

  • V

    Una tarde

    Al recordar en la alameda rosa / tu rostro celestial como un suspiro, / le digo a la inocencia, ¡es un juguete / que se mece entretejido en el ensueño!

  • VI

    Isótropa

    ¡Ay! que se escapa la vida de / mis manos transparentes… / Cómo se mueren los muertos; / tan silencioso. y callado…

  • VII

    La rosa de tu boca

    Todos estamos tristes este día… / Ha caído la lluvia solita / en el cemento vacío.

  • VIII

    El entierro

    Pero, ¡Ay que triste es un sepelio / cuando se muere la vida…! / Negra la verja de hierro, / sopla el viento; / rechina la puerta vieja… / – ¡Se contradijo el cielo!

  • IX

    ¡A por Dios, esta es la tarde!

    Deslizábase hombre-viento confundido / buscando en el su rostro, el su recuerdo. / Noche de luna roja reflejábase silente / en la su carne verde…

  • X

    Vida

    ¡Dame ojos de poeta para avistar la muerte! / ¡Dame el sentimiento para poder así quererte! / La vida es igual a la muerte, / se parecen en los ojos…

  • XI

    Siente como yo siento

    Mañana bajaré del sueño, sueño; / tomaré tus manos con mis manos / y me iré a dormir con tu silencio… / ¡Y el mañana retendrá mi pensamiento!

    para Chris Houfmister · poema de amor

El autor

Oscar — para los suyos, Coco.

Oscar Enrique Castañeda Taracena Fernández Paiz (Guatemala, 1949 — 2016). Físico, matemático, profesor del Departamento de Física de la Universidad de San Carlos. Padre de Oscar y María Gilda. Escribió toda la vida — algo publicó, mucho guardó.

Con Marcas Claras apareció editado por Alambique cuando él tenía cerca de 55 años. La música —que él nunca llegó a oír— vino después, generada por inteligencia artificial sobre los textos originales, sin alterar una sola palabra.

Obras Inéditas nunca se publicó. Su hijo Oscar Francisco lo encontró años después, con los poemas escritos a mano en un cuaderno. Adentro, la dedicatoria póstuma — para el que vendría:

«Para el que me copió los ojos.»

Y, antes, su propio padre — Oscar Francisco Castañeda Villagrán — le había dejado a él esta nota en su libro de obras completas:

A Cafran
¡Escuchá siempre la nota que está atrás!
¡Vos músico!

La nota que está atrás es el acompañamiento. Estas canciones, ahora, son la nota que está atrás de quien quiera escucharlas.

Escuchar

El álbum, donde escuches.

Con Marcas Claras está disponible en todas las plataformas. El audiolibro, narrado por Joaquín Chablé, vive en Audible.

«De tu corazón, querido lector, de tu corazón.»

— epílogo